¿Por qué Amberes es conocida como la ciudad de diamantes?

En el año 2012, el sector de los diamantes es una industria muy profesionalizada, pero por supuesto no fue así en el pasado.

Los primeros diamantes no eran extraídos por excavadoras de minas, sino a menudo fruto de hallazgos casuales. Entre los siglos VIII y XII a.C., los diamantes eran curiosidades que se recogían del suelo en la India. Provenían de los depósitos de kimberlita y se encontraban en los lechos de los ríos.

Hasta finales del siglo XIX, prácticamente todos los diamantes venían de la India. La región producía los diamantes más blancos (blanco azulado).

Sin embargo, a finales del XIX, la India perdió su hegemonía y Sudáfrica se convirtió en la nueva meca de los diamantes. Allí se encuentran las minas de Kimberley, que reciben su nombre de la kimberlita, el material que protege a los diamantes de las erupciones volcánicas, y a las que se conoce sobre todo por el nombre de “The Big Hole”.

A comienzos del siglo XX se localizaron nuevos yacimientos, como los de Namibia, Angola, Sierra Leona, Tanzania, Botsuana y el Congo. Más tarde, en los años 50, llegaron Siberia y Rusia, y en época más reciente, gracias en parte a la mina de Argyle, Australia se convirtió también en un lugar de referencia. El último en unirse a la lista fue el Canadá.

Pero, por muy exóticos o lejanos que sean los yacimientos, el 80% de todos los diamantes en bruto viene a parar a Amberes. Por lo tanto, la ciudad merece su fama de líder mundial en el comercio de diamantes, y es la ciudad de los diamantes por excelencia.

Ya en el siglo XVI, Amberes ocupaba una posición de liderazgo en el comercio de diamantes, pero en 1581, con la separación de las provincias neerlandesas del norte, tuvo que ceder terreno. Durante los siglos XVII y XVIII, Ámsterdam y Londres se repartieron el pastel. Hubo que esperar a la década de 1920 para que Amberes recuperase su posición como ciudad de los diamantes.

Poco después de la Segunda Guerra Mundial, el comercio de diamantes de Amberes volvió a recuperar su ritmo, gracias a la buena organización de las importaciones y exportaciones.

Los diamantes llegaban a Amberes en tren, y se despachaban en la oficina de correos de la Jezusstraat.

Los empleados de la Diamond Office iban a pie a Correos a recoger los primeros envíos. Más tarde, los diamantes de Amberes se recibían en la oficina postal de la céntrica plaza Groenplaats y se enviaban por taxi a la Diamond Office. La Diamond Office, situada en la Pelikaanstraat, se encargaba del control y la distribución de los envíos.

En 1970 se abrió la estafeta Antwerpen X, junto a la Diamond Office.

A partir de entonces, el control de los documentos y envíos pasó a realizarse en presencia del cliente. En aquel tiempo, los envíos de diamantes todavía se sellaban con lacre, en el que se grababa el sello de la Diamond Office y del cliente o banco.

Hoy en día, casi todos los diamantes que entran o salen de Amberes pasan por la Diamond Office. Ya no se necesita pasaje para el comercio de diamantes entre los estados miembros de la UE, pero muchos comerciantes siguen queriendo que todo se revise.

La mayoría de los envíos entran y salen a través del aeropuerto de Deurne.

Aquí puede ver una descripción detallada del camino que recorren los diamantes tras su llegada a Amberes.

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